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sábado, diciembre 31, 2005

Listas

Ahora que se estila eso tan arbitrario y a la vez tan entretenido de hacer listas con lo mejor del año, lo aprovecho como excusa para practicarle a este blog la que bien podría ser una de sus últimas transfusiones de urgencia antes de entrar en un estado irreversiblemente terminal.

Ea. Éstas son las películas:




11. La guerra de los mundos.
Últimamente, el cine de acción dedica casi todos sus esfuerzos a dejar boquiabierto al espectador, y sin embargo lo único que suele conseguir es marear, aburrir, o ambas cosas a la vez. No es el caso de la última peli de Spielberg, que en su primera hora enlaza directamente con la locomotora de los Lumiere y (casi sin argumento) construye un crescendo realmente espectacular. Las claves: que el ritmo frenético no esté reñido con la posibilidad de entender lo que se ve (ahí una palmadadita para Spielberg) y que toda la historia esté en primera persona, de modo que casi estés siempre pensando en qué habrías hecho tú en el lugar del protagonista.
Luego, desde el momento en que aparece Tim Robbins la peli se queda en casi nada, pero...bueno.




10. Querida Wendy.
La "rara" del grupo. Curioso porque es una de esas películas cuyos alabadores te inspiran bastante desconfianza, lo que sin embargo no es obstáculo para que te guste. Inclasificable, marciana...tan absurda como pueda serlo un pequeño pueblo minero estadounidense construido en mitad de Dinamarca. La película que se puede interpretar de cien maneras distintas (algunas verdaderamente extravagantes) sin que, por fortuna, importe demasiado. Como leí por alguna parte, la poesía se impone al mensaje, algo de lo que responsabilizo más al Thomas Vinterberg que a Lars Von Trier.




9. King Kong.
Por saber hacer, al margen de sus excesos que no son pocos, una película de aventuras como es debido. Una introducción divertida y que además de presentar a los personajes en formato de comedia prepara el ambiente para todo lo que viene después (el climax de este estirado prólogo es la estupenda secuencia en la niebla), unas escenas de acción a todo trapo, ausencia de cierta pomposidad que tocaba mucho las narices en la trilogía de los anillos, y un leit motiv al que se le sabe sacar la emotividad, sobretodo en ese angustioso y precioso desenlace en el Empire State en el que cada larga toma aérea refuerza la sensación de muerte anunciada del mono.




8. Life aquatic.
En tiempos de tan claro mercantilismo hollywoodiense y tan poca originalidad se agradece que alguien te ofrezca en sus películas algo completamente diferente, y en este caso al menos tan incatalogable como pudiera serlo la número 10 (que ya es decir, vaya).
La eterna crisis existencial de unos personajes (entre ellos el interpretado por Bill Murray, que ya debe considerar este tipo de papeles como suyos por derecho propio) entre el surrealismo más disparatado y la melancolía más entrañable, todo ello sazonado con el humor absurdo de Wes Anderson.
Una peli muy difícil de describir, realmente, pero hay que verla.




7. Match point.
Con una película tan "culta" y con tanta referencia a veces es fácil perderse en algunos puntos, pero en todo caso lo que cualquier persona puede obtener del último proyecto de Woody Allen es un soberbio retrato de personajes. Complejos, densos...representan los prototipos de un arribista y una mujer fatal, pero sin caer apenas en ninguna simplificación. Siempre personas reales.
La primera hora y pico de película es, por desgracia, algo pesada. El resto (la última media hora) resulta más dinámico y mucho más sintético, aunque por el camino pierde parte del rigor conseguido previamente, sobretodo al introducir los temas del crimen, el castigo, etc.




6. Entre copas.
No niego que un aire algo pretencioso sobrevuele toda la película, pero prefiero recortarle sus aspiraciones y considerarla simple y llanamente como una comedia más, con el agravante de que se disfruta como pocas en los últimos años. Tiene la inteligencia suficiente como para saber contar la historia dramática y melancólica de su protagonista sin complicarla ni simplificarla demasiado, y además combinándola siempre con ingentes dosis de humor. El final, ni feliz ni infeliz ni todo lo contrario (un poco a lo Wilder) termina de redondear el producto.
Es decir: una película más "mainstream" de lo que suele pensarse, pero muy disfrutable en cualquier caso.




5. El ocaso del samurái.
Kurosawa (o John Ford directamente, por qué no) regresa a las pantallas en esta historia netamente crepuscular de un samurái al que no solo se le ha terminado su modo de ganarse la vida, si no también su estilo de vida al completo: su "tiempo", como se suele decir. Lo que realmente hace doloroso este retrato no es tanto ver al samurái tener que deslomarse para a duras penas mantener a sus hijas y a su madre enferma como el hecho de que a esa situación haya llegado (y en ella se mantenga) sencillamente por ser un hombre honesto y honorable, cualidades que están desapareciendo de su mundo porque no son compatibles con los nuevos tiempos. Estilo realista, austero y lleno de sensibiidad para una película magnífica.




4. Hierro 3.
La propuesta más rupturista, atrevida y sobretodo desconcertante de un Kim Ki-Duk que en este caso va más allá del desbordante (y gratuito) esteticismo que ofrecía en la espectacular Primavera, verano...etc, etc. Entre los dos protagonistas dicen seis palabras en 95 minutos y (aunque hay algún momento argumentalmente muy forzado), la verdad es que hasta sobran. La cámara se basta y se sobra para transmitir perfectamente lo que piensan ambos en cada momento, culminando en un final que une realidad y fantasía como pocas veces se ha visto por estos lares.




3. Nadie sabe.
En la línea de los dramas japoneses, la película destaca fundamentalmente por huir no ya de la alarmante sensiblería que suele inundar los dramas que nos llegan del otro lado del atlántico, si no de cualquier énfasis en la expresión de un sentimiento o de una emoción. Es un cine equilibrado, sobrio, capaz de contar la tragedia más terrible sin salirse de su natural elegancia. Auténtica poesía con un punto terrorífico para, ésta sí, una de las mejores películas del año.




2. Million dollar baby.
La verdad es que no soy lo que se dice el mayor fan de esta película, por mucho que me guste. Como ya se ha comentado otras veces, creo que la primera parte es un relato algo convencional pero casi perfecto del mundo de las doce cuerdas, plagado de personajes soberbiamente descritos e interpretados (la chica que necesita encontrar algo en su vida, el hombre de vuelta de todo que necesita superar sus miedos y su sentimiento de culpa, etc). La segunda ya trata de ser un poco más original, pero la verdad es que a la vez también acaba resultando algo forzada, y descompensada con respecto a la primera. Con todo, sus estupendos mimbres y su incontestable oficio la convierten en una de las dos o tres mejores películas de Eastwood.




1. Una historia de violencia.
En pocas películas he encontrado un equilibrio artístico semejante al de esta última. A base de elementos acartonados (el argumento, o por ejemplo todos los personajes de los gangsters y los actores que los interpretan) pero sin sumergirse realmente en el surrealismo o en el sinsentido, lo curioso de esta película es que me sigue pareciendo que el significado de lo que ocurre es fundamentalmente alegórico, y está expresado con una sutileza incomparable.
La cosa va del germen de la violencia...en una comunidad apacible, en una familia. Pero es que no es una violencia que se limite a surgir sin más, si no que de hecho es como si se materializase en esa rocambolesca historia de mafiosos y venganzas. La niña que al principio sueña con "monstruos" y a la que su padre le contesta que éstos no existen...de hecho ve como ese señor deja de ser su padre y toma una identidad distinta, que es la de uno de esos "monstruos". Inteligente, divertida y pasmosamente estructurada y filmada, vamos a decir que la mejor película de 2005.